Sobre la decisión del Congreso Argentino sobre el caso AMIA

Quiero escribir sobre la decisión del Congreso con respecto al pacto con Irán. Quisiera mantener estos párrafos sencillos y concretos, sin demasiada parafernalia legal.Escribo porque quedarse callado ante esta situación sería un crimen mayor al cometido anoche por el gobierno argentino hacia su propio pueblo.
Cuando ocurrió el trágico ataque a la AMIA mis padres me lo ocultaron. No recuerdo si estabamos de viaje o qué, pero yo era una niña de 8 años y no leía los diarios. Me criaron como argentina, no como argentina judía como con tan poco tacto nos describió uno de nuestros gobernantes a los judíos que habitamos Argentina. Cuando asistí a un colegio judío me enteré en un aniversario del atentado lo que había ocurrido. Volví a mi casa y cuestioné a mis padres por haberme ocultado un acto de semejante odio que había tenido lugar en mi país, mi ciudad. Un acto que se había llevado la vida de familiares de quienes ahora eran mis compañeros en la escuela, o quizá de otras personas que pude haber conocido. El atentado a la AMIA conmovió mi mundo porque sentí por primera vez miedo de ser atacada en mi propio hogar. Creo que esto hace mi primer punto importante. Los argentinos, judíos o no, fuimos atacados en nuestra casa. No hacen falta muchas palabras más para expresar la obvia necesidad de que un gobierno responda ante su pueblo en llamas, sangrante.

El gobierno actual que torpemente, irracionalmente, quiere hacer algo, lo que sea, para mover la causa AMIA, es un gobierno que está actuando ignorando los gritos y el llanto de los que ayer pedimos que por favor no acuerden con un país cuyo sistema legal es tan incongruente con el nuestro. Nos agarramos de las piernas del estado, de los gobernantes. Les tironeamos de los pantalones para que por favor nos escuchen y ellos sacudieron las piernas y nos miraron como gigantes diciendo: “callense, ustedes no saben lo que es mejor para ustedes. Nosotros podemos pensar y decidir por ustedes, calladitos.” Marco entonces la primera falencia y gol en contra del estado argentino.

Mi segundo y último punto tiene que ver con el gobierno argentino y su lugar en el mundo. Un tratado que se aprueba en un congreso nacional, desmereciendo opiniones de países como Israel que vienen luchando contra el terrorismo y contra vecinos violentos hace décadas. Un estado argentino que le dice a Israel y a otros países que mucho han lidiado con Irán durante los últimos años: “Ustedes también callense, no entienden nada.”
Argentina vuelve el tema de la AMIA una puja por poder local, nos saca de un contexto mundial actual en el que organismos internacionales están en una puja para sancionar a Irán por su posesión de centros nucleares y por su violencia generalizada hacia su propio pueblo. Argentina se desdice de cómo pueden percibirla otros países, se mueve sola, agrediendo a quien ose opinar, con la prepotencia y violencia que caracteriza a alguien que sabe que está caminando por una cornisa y no quiere que lo distraigan.

La decisión tomada ayer no es el fin de la historia para los que, judíos o no, argentinos o no, queremos esclarecer lo ocurrido el 18 de julio de 1994. El gobierno decidió no escuchar. Sabemos muy bien que este ridículo tratado, inaudito en términos legales a tal punto que ni siquiera vale la pena enmarcarlo en una práctica establecida, va a resultar en una cachetada a los ridículos que lo plantearon. Está en nosotros crear un nuevo contexto en el que se esclarezca esta tragedia en un marco lógico y legal.

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